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Jorge Fernández Díaz

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2017 Comunicación - Periodismo
  Premio Konex de Platino
2017 Comunicación - Periodismo
  Diploma al Mérito
2007 Comunicación - Periodismo
  Premio Konex de Platino
2007 Comunicación - Periodismo
  Diploma al Mérito

Jorge Fernández Díaz
Premio Konex de Platino 2017: Gráfica
Premio Konex de Platino 2007: Redacción Periodística

Nació el 08/07/1960. Escritor y periodista. Es actualmente uno de los principales columnistas políticos del Diario La Nación.  Conductor del programa Pensándolo Bien por Radio Mitre. En su trayectoria fue cronista policial, periodista de investigación, analista político y crítico literario. Trabajó como redactor, jefe y director de diversos medios del país como La Razón, El Diario de Neuquén, El Cronista, Somos y Gente. Dirigió la revista Noticias y creó el suplemento adnCultura. Entre sus libros están: MamáLa logia de CádizLa segunda vida de las flores, La Hermandad del Honor, Fernández, Corazones desatadosLas mujeres más solas del mundoEl Puñal y Te amaré locamente. Es Académico de número de la Academia Argentina de Letras. Entre sus distinciones están la  Medalla del Bicentenario 2010, la Medalla de la Hispanidad, la Cruz de la Orden Isabel la Católica, el Premio Esteban Echeverría, los premios Atlántida, Argentores y Martín Fierro.

 

Biografía ampliada

Jorge Fernández Díaz nació en Buenos Aires, el 8 de julio de 1960. Es periodista y escritor. Ha publicado seis novelas, cinco libros de relatos y crónicas, e incontables artículos sobre la política y el pensamiento. Ha ejercido durante 35 años esa doble vocación con mucha intensidad. Escribe ficciones desde los 12 años, cuando su madre le regaló la Colección Robin Hood, en la que leyó a Stevenson, Wells, Conrad, Verne, Defoe y tantos otros clásicos de la novela de aventuras, que marcarían a fuego su literatura. Pero en 1981 ingresó en el periodismo al fundar la revista Retruco, considerada mítica en el mundo de aquellas publicaciones alternativas o subterráneas que burlaban la censura del régimen militar. En Retruco colaboraban, entre otros, Juan Sasturain, José Pablo Feinmann y Luis Gregorich.

Mientras escribía poemas, cuentos y novelas que jamás vieron la luz y leía con profusión a los clásicos universales y muy especialmente a los argentinos, Fernández Díaz comenzó a colaborar con las revistas Qué y El Periodista de Buenos Aires, para las que realizó investigaciones sociales y políticas. Al poco tiempo ingresó en la edición vespertina de La Razón, que comandaba Jacobo Timerman, donde aprendió el oficio y se desarrolló como redactor especial de la sección Policiales. Cubrió e investigó los grandes casos del presente y del pasado mientras descubría a Hammett, Chandler y Ross MacDonald.

En esa redacción legendaria, donde compartía tertulias con periodistas literarios de la talla de Ernesto Schoo, escribió una novela policial sobre la mafia del fútbol llamada El asesinato del wing izquierdo, que fue publicada por entregas durante 34 días seguidos en la misma sección de los crímenes, y en lo que constituyó el mayor intento por reflotar la práctica del folletín en los diarios nacionales. A esa novela, que lo hizo conocido para el gran público, siguieron otros relatos, todos ellos con un único protagonista: Emilio Malbrán, un periodista a imagen y semejanza de Emilio Petcoff, de Rodolfo Walsh, de Gustavo Germán González y de tantos otros sabuesos de la crónica roja. Muchos años después esos textos fueron reescritos y publicados por la editorial Sudamericana bajo el título Alguien quiere ver muerto a Emilio Malbrán.

Fernández Díaz migró luego a la Patagonia y fue jefe de redacción de El diario del Neuquén (hoy La Mañana del Sur). A lo largo de esos cinco años tomó notas en sus cuadernos sobre las características de los feudos y la naturaleza humana en los pequeños pueblos (impresiones que luego volcaría en varias de sus novelas y relatos), e investigó crímenes que pusieron incluso en riesgo su propia vida. De regreso en Buenos Aires, fue secretario de Política del diario El Cronista y luego subdirector de las revistas Somos y Gente, desde las que siempre procuró difundir la literatura.

En 1993 publicó el libro El hombre que se inventó a sí mismo, una larga crónica narrativa en la que se intentaba contar los últimos cincuenta años de la política y el periodismo a partir de los negocios, odios y amores de Bernardo Neustadt, que en ese momento era un asesor directo del Presidente y quien, al salir el libro, lanzó una dura campaña de silenciamiento.

Tres años después, bajo la atenta edición de Luis Chitarroni, dio a luz El dilema de los próceres, una novela de Sherlock Holmes, donde un hipotético Borges sirve de Watson para desentrañar un misterio alrededor de la historia argentina. La novela reconstruye minuciosamente la Londres victoriana y el principio del siglo XX en nuestro país, es una novela llena de claves sobre la vida y obra de Borges, y en sus páginas irónicas aparecen el cuchillero Juan Muraña, Evaristo Carriego, Horacio Quiroga y Luis Melián Lafinur. Esa novela fue aclamada por Tomás Eloy Martínez, que la calificó como “formidable” y elogiada por Laiseca: “Echa una honesta aunque pesimista mirada sobre nuestro pasado nacional”. En su reimpresión, muchos años después, Chitarroni diría: “En el curso de los años, El dilema de los próceres ha adquirido una madurez invulnerable. Ha conquistado un lugar extraordinariamente vacante: el que ocupa una obra ágil y entretenida que no pierde un ápice de hondura por serlo y que la convierte en un ejemplo de culto desvinculado de la infatuación crítica. Los lectores nuevos y los viejos podrán disfrutar de la variedad de fruiciones precipitadas por un escritor de verdad consagrado a procurar personajes, intriga, saber, humor, situaciones, vuelos circunscriptos al desarrollo de la acción, ocurrencias e ironías, amor por la palabra y por la transmisión que ese amor habilita”.

En 2002, luego de la gran crisis económica argentina, Fernández Díaz publicó Mamá, la crónica novela sobre su propia madre Carmina, emigrante asturiana. El libro, que tenía destino de documento familiar, fue impulsado por la editora Gloria Rodrigué, quien vio en esa novela verídica la épica inmigrante, tantas veces invisibilizada en nuestro país. El éxito de Mamá fue gigantesco en la Argentina y en España, donde la publicó la editorial RBA. El escritor y periodista Juan Cruz Ruiz opinó en El País de Madrid: “Fernández Díaz escribió uno de los grandes libros argentinos de esta última década. Le cambió la vida a él y nos cambió a nosotros la manera de entrar en las historias ajenas. En mi casa ese libro se ha multiplicado: desde que entró el primer ejemplar, diversos miembros de la familia lo han querido leer, y en mis viajes a Buenos Aires he ido trayendo cargamentos sucesivos de Mamá”. José Pablo Feinmann dijo: “Mamá es tan simple y poderosa como la vida. Pero la vida no está tan bien escrita”. Marcos Aguinis escribió en Noticias: “Mamá es una historia que conmueve hasta las lágrimas y exhibe ante el lector asombrado una galería de héroes y antihéroes inolvidables. Fernández Díaz ha producido un texto que pretende la modestia, pero que ha saltado hacia páginas de maravilla”.

En esos años, el autor fundó el diario Perfil, del que fue subdirector, y luego dirigió la revista Noticias: dos cargos periodísticos desde los que impulsó a la vez la investigación del poder y la divulgación de los grandes escritores de la lengua. Posteriormente, fue convocado por el diario La Nación, primero como secretario de Política y luego como Secretario de Cultura.

Entonces publicó Fernández, una autobiografía ficticia que recibió críticas contundentes. Dijo el novelista y académico de la lengua, Arturo Pérez-Reverte: “Fernández Díaz consigue que todos seamos Fernández, página a página, y que cerremos el libro, al fin, como quien se despide de un viejo amigo. Eso exactamente es la buena literatura. Lo
demás son milongas”. Paralelamente, el escritor argentino Martín Caparrós leyó esa novela y describió la operación literaria del autor: “Sigue su tarea de construirse como gran personaje literario. En un país donde se escribe para ocultar lo que se es, Fernández Díaz escribe para mostrarlo, en un realismo nada mágico, bien descarnado, que es tan realista como ficcional. Sus libros constituyen uno de los pocos proyectos literarios actuales que atacan un punto débil de la narrativa argentina: la capacidad de dar cuenta del presente”.
Fernández Díaz creó para La Nación una serie de secciones inolvidables. Primero “Los intelectuales y el país de hoy”, donde entrevistó a los grandes pensadores argentinos. Las entrevistas partían de la portada y ocupaban una página sábana entera, y tuvieron tanto éxito que se creó y editó “Los intelectuales y el mundo”, que salía todos los miércoles y que presentaba a las mentes más lúcidas y prestigiosas de Europa y América. En su ánimo por acercar la literatura al diario, escribió también una serie de enorme repercusión sobre los vínculos amorosos, que salía todos los domingos en la revista de La Nación y cuya compilación se transformó en el libro Corazones desatados. Por primera vez, Fernández Díaz cruzaba el periodismo y la literatura, al estilo de las “ficciones verdaderas” de su gran mentor Tomás Eloy Martínez. Pero con la clara intención de contar la vida privada y atrapar lo indecible sobre los sentimientos. Escribió un crítico de la Revista Ñ: “Los diálogos son admirables, tanto como los personajes que acompañan al protagonista, y las situaciones y sensaciones que se suceden son tan francas y espontáneas que cuesta abandonarlas y dejar de vivir en el genuino mundo de Fernández Díaz”.

Por entonces el jurado de la Fundación Konex lo premió como “el mejor redactor de la década”.

También por entregas, a lo largo de una semana, Fernández Díaz publicó en La Nación las acciones desconocidas de José de San Martín en el decisivo combate de Arjonilla y luego en la gran batalla de Bailén. Ese texto estaba basado en una profunda investigación histórica que le había llevado dos años y que fue el embrión de La logia de Cádiz, una novela que publicó en editorial Planeta y que cuenta a la manera de la novela de peripecias la conversión de Libertador, las intrigas de la masonería y luego por dentro el combate de San Lorenzo. “Quise escribir la novela sobre mi gran héroe que hubiera querido encontrar en la Colección Robin Hood”, dijo. La portada de la novela fue ilustrada por el maestro Guillermo Roux, y su San Martín cuelga hoy en una de las paredes del Museo de Granaderos a Caballo. El libro también se publicó en España y fue presentado en Casa de América por el propio Pérez-Reverte. El crítico de Qué leer, Ángel Cabo escribió en Madrid: “La logia de Cádiz es la épica del cuerpo a cuerpo, el heroísmo y sus miserias, para goce de los que creen que un libro es una aventura bien contada”.

El gobierno español y la comunidad española en la Argentina lo premiaron con la Medalla de la Hispanidad.

La dirección del diario La Nación le encomendó modernizar el suplemento cultural y Fernández Díaz convenció a Tomás Eloy Martínez para que abandonara su casa en New Jersey y regresara al periodismo de redacción. Durante meses prepararon juntos el proyecto que se denominaría adnCultura, y que tendría como jefe de redacción a uno de los decanos del periodismo cultural, Hugo Becaccece. Finalmente, Fernández Díaz fue quien dirigió el emprendimiento, que realizó una serie de innovaciones en la historia de esas publicaciones, pero que también se inscribió en la tradición de ese diario donde escribieron y trabajaron Mujica Lainez, Mallea, Borges, Bioy y Silvina Ocampo.

Por las páginas de adnCultura pasaron los grandes escritores del mundo: desde Phillip Roth, Doris Lessing, Murakami y Don Delillo hasta Alice Munro, Harold Bloom, Claudio Magris, Orham Pamuk y Richard Ford.

En 2009 publicó La segunda vida de las flores, una novela sobre la seducción, las revanchas de la vida y la vejez, en la que mágicamente se reinventan los mitos de Palermo Viejo. En ella vuelve a aparecer Fernández, un periodista escéptico y emocional que es testigo de su época. Mario O’Donnell escribió: “La segunda vida de las flores es la mejor novela argentina que he leído desde bastantes años atrás”.

También organizó el premio La Nación-Sudamericana de Ensayo y Novela, que contó con jurados de renombre internacional como Carlos Fuertes. Y fue, a su vez, jurado del Premio Emecé. Tomó a su cargo la sección Opinión del diario La Nación e incluyó como firmas habituales de la política a intelectuales de los que fue su editor cotidiano: Beatriz Sarlo, José Nun, Alvaro Abos, Juan José Sebreli, Juan José Llach y Alejandro Katz, entre muchos otros.

En 2009 los máximos editores de Iberoamérica, reunidos en Barcelona, le entregaron a Jorge Fernández Díaz el premio “Atlántida”, por la tarea de adnCultura en la permanente para la difusión de libros y escritores de la lengua.

Al año siguiente, sorprendió con una nueva serie que acerca la literatura al periodismo: “Historias con nombre y apellido” salía en portada de La Nación todos los sábados y contaba las historias de héroes contemporáneos desconocidos con pulso novelístico y a la vez cinematográfico. Soldados de Malvinas, sobrevivientes de campos de concentración, detectives, cazadores, policías, bomberos, todos ellos fueron rescatados y narrados con un estilo épico, intimista y cinematográfico. Esos relatos compusieron luego La hermandad del honor, considerado por el escritor y crítico Elvio Gandolfo como un “excelente libro periodístico”. Sobre un relato en particular, (“Rescatando al sargento Villegas”) -que cuenta el amor filial entre un suboficial de Malvinas y el conscripto que le salvó la vida, y que tuvo gran acogida en España-, Pérez-Reverte dijo: "Uno de los textos más hermosos que conozco sobre el valor, la amistad y la lealtad". Algunas de las crónicas incluidas en el libro fueron producidas como serie para el canal Encuentro por el director Juan José Campanella.

En 2010 fue distinguido con La Medalla del Bicentenario, en premio a su labor periodística y literaria. Y en 2011 recibió el Premio Argentores, por su guión para “El hombre de tu vida”, también dirigido por Campanella.

La reimpresión de los viejos folletines policiales en Alguien quiere ver muerto a Emilio Malbrán (ahora incluido en la biblioteca Policiales de Colección de Random House Mondadori) cosechó críticas entusiastas. Hernán Arias escribió en el diario Perfil: “Relatos sin respiro que conforman un libro inesperado, una montaña rusa, una experiencia que cuenta desde la literatura la enigmática realidad argentina”. Hernán Carbonel escribió en La Gaceta Literaria de Tucumán: “Un fruto delicioso y digno de saborear para aquellos que gustan del policial negro”. Marcelo Pasetti opinó en La Capital de Mar del Plata: “Un libro de esos que uno disfruta desde el primero hasta el último cuento. Este periodista y escritor pinta el país como pocos, con la excusa de narrar historias donde lo marginales, los perdedores y los humillados, en la mayoría de los casos, se convierten en queribles protagonistas”. Raúl Fedele dijo en El Litoral: “Cuentos ágiles, apasionantes, verosímiles, en los que se filtra una verdad innombrable”.

En marzo de 2012, Jorge Fernández Díaz recibió de manos del embajador de España en la Argentina, Rafael Estrella la Cruz, la Orden Isabel la Católica, la más importante condecoración que otorga la corona española a un ciudadano extranjero. En reconocimiento a sus aportes a la cultura y por real resolución de Juan Carlos I de Borbón.
Ese mismo año publicó en la Argentina y en España Las mujeres más solas del mundo, un libro en el que vuelve a cruzar el periodismo y la literatura, y que resulta un estudio contemporáneo de tipos humanos. El destacado crítico español J. Ernesto Ayala-Dip, escribió en Babelia: “Les recomiendo la lectura de Las mujeres más solas del mundo. Enseña que las cosas cotidianas tienen luz propia. Y, sobre todo, este libro enseña a entrar en la realidad de una manera y a salir de ella de otra muy distinta”.

Finalmente, después de 35 años de labor periodística, abandonó las redacciones y se convirtió en uno de los columnistas más influyentes y leídos de la Argentina. Considera que el articulismo puede ser una de las bellas artes y se reconoce amigo y admirador de Manuel Vicent. Concibe sus columnas como microensayos semanales y por lo tanto como parte de su obra literaria, puesto que escapa a la prisión del panorama clásico y a la mera información para ingresar cada domingo en el terreno del pensamiento. Con la misma intención conduce también el programa nocturno de Radio Mitre “Pensándolo bien”, un lugar de reflexión política y existencial, por donde pasan diariamente los grandes escritores nacionales y extranjeros.

En 2014 publicó El puñal, una novela que se convirtió de inmediato en un éxito editorial, que luego publicó en España el sello “Destino” y que será traducida al francés, al portugués, al checo y al polaco. El puñal trata sobre un inquietante agente de Inteligencia, Remil, que se dedica a arreglar los entuertos menores de los políticos, hasta que le encargan espiar a una misteriosa abogada española. La trama deriva en una historia de obsesión amorosa y en un paseo por la narcopolítica y la corrupción más oscura. Su autor
ha dicho: “Quise desvestir a un mismo tiempo la política y el amor. Cuando a la política le quitamos sus discursos, la declamación de los grandes propósitos y las mentiras mediáticas, queda un extraño toma y daca, una escalofriante película de intrigas y un thriller lleno gangsters con corbata que se dividen los negocios y se extorsionan mutuamente. Y cuando al amor le quitamos los velos de la romantización y los clichés sublimes, queda una pasión turbia e inexplicable que sólo sobrevive en la incertidumbre. El puñal es una novela sobre la trastienda del poder, y a la vez es una historia de amor entre dos personas crueles”. Pérez-Reverte ha dicho de esta novela: “Dura, negra, violenta, desencantada y apasionante. Es tan argentina que estremece”. Luis Fernández, del diario La Razón de España, escribió: “Hay en esta novela excesiva una fuerza narrativa y un arrojo temerarios que la hacen tan singular como atractiva. Sus protagonistas parecen salidos de una pesadilla de James M. Cain. Y tiene un ritmo trepidante”. Justo Navarro escribió en El País: “Una agilísima trama de juristas prestigiosos, altos funcionarios, senadoras, delincuentes idolatrados por sus votantes, cocaína diluida en vino argentino para Europa, narcopolítica y cocacapitalismo”. La escritora María Dueñas dijo en Elle: “El puñal es una novela magnífica”. Ángel Vivas, en El Mundo: “Una novela 'perezrevertiana'”. Raquel Jiménez, en Zenda: "El puñal es una novela que, gracias al excelente ritmo narrativo de su autor y al realismo que transmiten sus páginas, trasciende mucho más allá de un género literario o una época”. Y Lillian Neuman, en La Vanguardia: “Fernández Díaz, testigo e investigador en tiempos interesantes se lanza aquí a un análisis de la narcopolítica de alto calibre y excelente factura".

A comienzo del 2016 publicó Te amaré locamente, libro en el que el escritor despliega sus "aguafuertes sentimentales": implacables y sutiles narraciones sobre vidas privadas que describen vicisitudes y angustias de las personas comunes y corrientes, y van trazando un mapa sentimental. Un libro sobre nosotros mismos, que también se adentra en pequeños pero deslumbrantes apuntes sobre la seducción, el barrio, el crimen, y los dioses, héroes y villanos que supimos conseguir. “Fernández Díaz, el narrador de los grandes amores que todos vivimos ", proclamó Julieta Roffo en el diario Clarín. La crítica española María José Solano escribió en Zenda: “Cada retrato, sensación, paisaje, recuerdo, transciende lo anecdótico y se instala en el espacio privilegiado de lo inolvidable. Arrastra al lector tan adentro de sí mismo, que siente que cada historia es la suya propia enmascarada tras otros nombres y otras calles”.

Fernández Díaz mezcla en sus libros el periodismo con la literatura. Alterna en sus relatos temas emocionales y cotidianos de gente común y corriente, con historias épicas de héroes contradictorios y oscuros. Ha dicho que los periodistas pueden publicar sólo el veinte por ciento de lo que saben y que la literatura de ficción le ha permitido saltear ese límite y narrar lo imposible, tanto en el terreno del poder como de los sentimientos. También ha reivindicado la vieja tradición de ser escritor de libros y de diarios. Ha escrito novelas, ensayos, perfiles, crónicas, cuentos, relatos, aguafuertes y críticas. Ha conversado en público con los grandes escritores iberoamericanos, y es el interlocutor ineludible, cada vez que se presenta en Buenos Aires, del premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa.