Español

Félix Hipólito Laiño

image
1987 Comunicación - Periodismo
  Premio Konex de Brillante
1987 Comunicación - Periodismo
  Premio Konex de Platino
1987 Comunicación - Periodismo
  Diploma al Mérito
1997 Comunicación - Periodismo
  Jurado

Félix Hipólito Laiño
Premio Konex de Brillante 1987: Comunicación - Periodismo
Presidente del Gran Jurado Premios Konex 1997: Comunicación - Periodismo


Nació el 13/08/1909. Fue Maestro de varias generaciones de periodistas que se formaron a su lado en la fragua cotidiana de la Redacción y ya, en la edad alta, en las aulas universitarias. Durante cincuenta años fue el director de La Razón, convirtiéndolo en el diario de mayor circulación de la Argentina y el mundo de habla castellana. Fue creador de un estilo que le permitió hacer del vespertino el vicio cotidiano de muchos argentinos. Predicó con el ejemplo, añadiendo a sus dotes intelectuales un alto sentido de la ética y la responsabilidad profesional.

Atento a todas las manifestaciones de la cultura y las transformaciones de la sociedad, siempre decía que había estudiado para saber y aprendido para enseñar. Aportó al periodismo las vivencias de la cultura clásica y las tradiciones populares, creyendo que la sociedad debía apuntar a la educación como valor superior.

Su cultura fue multifacética. Fue Profesor de violín, armonía y composición. Obtuvo el Primer Premio en el concurso de cuentos para autores noveles de la Municipalidad de Buenos Aires, Profesor de Historia de la Civilización y de Lógica.

Fue Presidente de la Academia Nacional de Periodismo, Miembro de Número de la Academia Argentina de la Comunicación, Profesor Titular en el Instituto de Extensión Universitaria de la Universidad Católica Argentina y Profesor Titular del taller Política, de la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica Argentina.

Entre sus obras publicadas se encuentran: Una alondra en la noche (1928), La estatura moral y el mundo de los enanos (1929), El cancerbero de honra (1930), Historia de las Ideas Políticas (1936), De Irigoyen a Alfonsín (1985), Secretos del Periodismo (1986).

Falleció el 07/01/1999.

 

Palabras Pronunciadas Al Recibir El Premio Konex De Brillante (1987)

Nos hallamos ante un acontecimiento extraordinario.
Por primera vez, los agentes dinámicos de la comunicación social y los pe-riodistas como tales, somos premiados en nuestro país. A nadie se le había ocurrido antes, hasta que la Fundación Konex por iniciativa de su presidente, el Dr. Ovsejevích, resolvió congregarlos para distinguirlos y premiarlos por los servicios prestados a la sociedad, a través del dictamen de un gran jurado representativo de las más altas expresiones de la prensa nacional, bajo la dirección del Dr. Genaro Carrió, ex Presidente de la Suprema Corte.
El periodista tan denostado, agredido, injuriado, calumniado, perseguido y enjuiciado, tiene hoy, gracias la Fundación Konex, la fiesta del reconocimiento público.
Ha pasado más de siglo y medio desde que nuestro primer gran periodista Mariano Moreno murió en alta mar ¿envenenado? Así lo entiende nuestro distinguido colega y eminente historiador Enrique de Gandía. Monteagudo, que seguiría sus huellas, moría años más tarde en circunstancias misteriosas. Dorrego, temible por su pluma más que por su espada, correría la suerte que todos conocemos y más tarde caería Florencio Varela, víctima del puñal de un sicario de la tiranía.
¿Por qué tanta saña contra los periodistas, quienes en definitiva serían los forjadores de nuestra república? ¿O acaso no fue periodista Sarmiento? ¿Y Juan Bautista Alberdi que publicó en su diario "Las bases de nuestra Constitución Nacional"? ¿Tampoco fueron periodistas Nicolás Avellaneda y Bartolomé Mitre? ¿No lo fueron acaso Pellegrini, Estanislao Cevallos y Roque Sáenz Peña?
Victorino de la Plaza cierra el ciclo de los grandes periodistas que honraron a la Nación desde las más altas magistraturas, haciéndose acreedores a la gratitud pública, que les ha reservado un lugar en la galería de sus proceres.
Nos acercamos al final del siglo; nos separan tres lustros del próximo milenio. Dentro de dos años celebraremos el Bicentenario de la revolución France-sa, y dentro de cinco el V Centenario del descubrimiento de América. Ambos acontecimientos que abren y cierran dos etapas en la historia de la civilización, nos acercarán al evocarlos, a las vicisitudes del hombre en su lucha incesante por emanciparse de su original animalidad.
Los hombres comenzaron a matarse entre sí, por amor a Dios, y sus opuestas maneras de entenderlo; luego por ambiciones territoriales y hasta por motivos personales. Ahora, por las ideologías. Nunca el fanático piensa como hombre libre: es el esclavo de una idea que recibe de otros como un arma. Mientras el idealismo está al servicio de los sentimientos superiores de la vida, el ideologismo está al servicio del fanatismo con sus trágicas consecuencias.
Los periodistas debemos asumir, hoy día, la gran responsabilidad de esclarecer las mentes, fijar rumbos y señalar caminos a la sociedad, en momentos en que la tierra ha quedado reducida a "un barrio del cosmos". Los satélites se hallan sobre nuestras cabezas "suspendidos del techo sideral"; los robots reemplazan al hombre y las computadoras codifican los conocimientos, conduciéndonos aceleradamente a la era de la Informática.
La revolución electrónica liberará al hombre de todas sus necesidades y la bioingeniería podrá meter la mano en las fuentes mismas de la vida, pero no será capaz de desentrañar sus misterios. Las grandes preguntas quedarán sin las grandes respuestas.
Sin una conciencia moral robustecida, aun con todos los problemas vitales resueltos, se nos caerá un déficit de esperanza y nos precipitaremos a la angustia.
Reemplazaremos la angustia de la muerte por la angustia de la vida.
Dice Heidegger: "A pesar del espanto seguro de estar mañana muerto, el ser humano crea, inventa, construye, modifica, cambia, destruye. La angustia que embarga al hombre es la angustia de la vida y no la angustia de la muerte".
En la lucha contra la angustia, el periodismo debe comprometer todas sus fuerzas, como en el transcurso de la civilización lo hizo contra la ignorancia y el oscurantismo, contra la esclavitud y la miseria.
Preparémonos para esa lucha. Meditemos, pensemos. Cada día, todos los días.
Contamos hoy con la seducción de la imagen audiovisual, agregada al sortilegio de la letra impresa. El cronista, el editorialista, el dibujante, el publicista, son todos soldados de la misma causa y tienen su puesto en esta cruzada contra la angustia.
Enseñemos y prediquemos que el secreto de la felicidad no consiste en estar mejor, sino en ser mejor.
Que no nos destemple el ánimo el temor de caer en la ingenuidad.
No renunciemos al logos griego. No nos vamos a encontrar solos: tenemos detrás 2500 años de civilización.
Evoquemos el ejemplo de aquellos Pablos y Pedros de la leyenda cristia¬na que en medio del paganismo sangriento predicaban el perdón y la piedad!!

 

Mensaje Como Presidente Del Jurado Konex (1997)

En 1997 le tocó presidir el Jurado de los Premios Konex en Comunicación-Periodismo. Al hacer entrega de las distinciones pronunció el siguiente mensaje:

No confundir ideas con sentimientos ni principios con intereses; no caer en interpretaciones maniqueas que nos impidan conciliar los opuestos, admitiendo la nota de verdad que vibra en el fondo de toda convicción sincera.
Estas fueron las preocupaciones del jurado que tuve el honor de presidir y en cuyo nombre hablo. Este jurado estuvo integrado por veinte sobresalientes profesionales oportunamente premiados por la Fundación KONEX, que, como todos los años, renueva hoy su altruista compromiso con la cultura nacional.Tuvimos la responsabilidad de elegir a los cien mejores periodistas del último decenio, período en el que, aquí y en el mundo, la prensa asumió un poder desconocido hasta entonces, en la difícil misión de convertirse en intérprete insobornable de la opinión pública.
El poder de que goza el periodismo es consecuencia de la responsabilidad con que se lo ejerce, respondiendo a la libertad que se le garantiza como guardián de la democracia.
La democracia en el transcurso de este siglo luchó en la tierra, en los mares y en los cielos para vencer al totalitarismo inclemente que la amenazaba.
A los periodistas nos toca ahora ser los celosos guardianes de los dones del único sistema de gobierno que nos permite adorar a nuestro Dios y cultivar los sentimientos que nos vienen de la raza y llevamos en la sangre.
Hagamos honor a esta misión.