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Sin título, 1975

Torres Agüero, Leopoldo (1924-1995)

Óleo sobre tela, 80 x 80 cm

Biografía:

Torres Agüero, Leopoldo (1924)

Nació en 1924 en La Rioja. Vivió allí hasta los diecisiete años e incluso sus primeras exposiciones individuales las realizó en esa ciudad en los Museos Arqueológicos de Inca Huasi. En 1950 hizo su primer viaje a Europa y residió dos años en París donde trabajó junto a Cándido Portinari. Su otro gran maestro fue Lino E. Spilimbergo. De regreso en Buenos Aires colaboró con psiquiatras en los tratamientos de psicoterapia por medio de las artes plásticas y realizó un mural junto a Leopoldo Presas en la Galería Santa Fe. En 1959 viajó a Japón donde residió durante dos años. Allí las filosofías orientales fueron una fuerte influencia para él y las hizo perdurar en las intencionalidad de su obra. Realizó pinturas sobre telas con grafismos en tinta, también a la manera oriental. A partir de 1962 vivió en París, de donde regresó recién en 1987. Su ausencia del país no opacó su presencia en exposiciones en galerías de Buenos Aires, además de muchos otros lugares del mundo. Luego de una estadía relativamente breve, volvió a París como agregado cultural en la Embajada Argentina con el gobierno que asumió en 1989. Sólo deja ese cargo para tomar el de embajador ante la Unesco en la misma ciudad. Falleció el 31/12/1995.

 


 

Sin título, 1975
Óleo sobre tela, 80 x 80 cm

Esta obra se adscribe a la línea de base geométrica a la que Torres Agüero dedica casi todo el desarrollo de su pintura. El artista otorgará a su práctica ciertas connotaciones personales. En lo formal esta obra enuncia una filiación con la pintura óptica: una generación progresiva hacia un ámbito de luz.
Sin embargo, veremos que existen otros componentes. Las razones las podemos encontrar en una anécdota que el crítico Rafael Squirru relata de una visita posterior al taller del artista que nos ilustran sobre la originalidad de su técnica: "...parado y con las piernas abiertas va volcando desde unos tarritos de colores sabiamente preparados la pintura que irá chorreando en líneas del grosor poco menos de un dedo meñique hasta configurar el resultado definitivo. Importa y mucho durante este proceso mantener un ritmo parejo de respiración, un estado de calma a la vez interna y externa que presida el chorreado".
Torres Agüero nació en La Rioja. Vivió allí hasta los diecisiete años e incluso sus primeras exposiciones individuales las realizó en esa ciudad en los Museos Arqueológicos de Inca Huasi. En 1950 hace su primer viaje a Europa y reside dos años en París donde trabaja junto a Cándido Portinari. Su otro gran maestro fue Lino E. Spilimbergo. De regreso en Buenos Aires colabora con psiquiatras en los tratamientos de psicoterapia por medio de las artes plásticas y realiza un mural junto a Leopoldo Presas en la Galería Santa Fe. En 1959 viaja a Japón donde reside durante dos años. Allí las filosofías orientales serán una fuerte influencia para él y las hará perdurar en la intencionalidad de su obra, como en el ejemplo de su técnica pictórica que acabamos de citar. Y, realizará pinturas sobre telas con grafismos en tinta, también a la manera oriental. A partir de 1962 vive en París, de donde regresa recién en 1987. Su ausencia del país no opacará su presencia en exposiciones en galerías de Buenos Aires, además de muchos otros lugares del mundo. Luego de una estadía relativamente breve, vuelve a París como agregado cultural en la Embajada Argentina con el gobierno que asume en 1989. Sólo deja ese cargo para tomar el de embajador ante la Unesco en la misma ciudad.
Muchas de sus pinturas similares a ésta tienen títulos con referencia a paisajes, a la tierra, a la naturaleza. De este modo podríamos interpretar el amarillo de la obra que se analiza como el sol que ilumina la tierra. Paisaje circular, Buscando cielo, Famatina, son algunos de sus títulos.
Ha dicho creer en la "acumulación de la personalidad colectiva" y en una fuerte integración hombre-naturaleza dentro de una concepción cósmica, que probablemente provengan de su conocimiento de lo oriental sumado a sus vivencias de joven en contacto con la tierra.

Mercedes Casanegra