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El pésame, c. 1945

Policastro, Enrique

Óleo sobre tela, 37 x 51 cm

Biografía:

Policastro, Enrique (1898-1971)
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El pésame, c. 1945
Óleo sobre tela, 37 x 51 cm
Colección Mauricio Isaac Neuman, Buenos Aires

Esta obra fue realizada alrededor de veinte años después de la primera exposición individual del artista en Amigos del Arte, en 1928. Y es también, en época similar, 1947 y 1948, que es seleccionado para participar del Premio Palanza. Por lo tanto, se puede considerar esta etapa como un momento de madurez y reconocimiento de su obra. Enrique Policastro es de aquellos artistas en que lo biográfico tiñe la visión del mundo, el oficio y naturalmente la obra.
Si bien, nació en Buenos Aires, su pintura no tiene que ver con la cultura de esta ciudad, más bien se relaciona con las márgenes de la misma, y desde allí con el resto del país. Ella es producto de una estética de la pobreza identificada con los seres humanos que la protagonizan y con el paisaje que los rodea.
Se le considera casi como un autodidacta, aunque se encuentran referencias a cierto aprendizaje. Durante un período de tres meses estudió solamente los domingos con Federico Sartor. Luego, también durante un lapso de igual duración ayudó en algunos trabajos al pintor español Vila y Prades. Y finalmente, en 1915, ingresó al estudio del arquitecto y pintor Alejandro Christophersen. De allí en más su enseñanza fue el museo. Entre los maestros que el mismo artista ha nombrado figura Zuloaga, pintor español inscrito en una tendencia de la cual podemos encontrar vestigios en la obra que se analiza.
Entre los acontecimientos que marcaron fuertemente su vida se debe consignar la temprana muerte de su padre, que le hace interrumpir la escuela primaria para ponerse a trabajar en una fábrica. Esto signó de sacrificio su vida y su oficio desde el comienzo. Más tarde trabajaría en las oficinas de la Secretaría Electoral del Juzgado Federal hasta jubilarse, empleo que sin dudas no era afín con su vocación por el arte, pero sí tal vez con cierto designio de resignación en el destino humano.
Una vez que dejó la Justicia se dedicó a viajar por todo el país. Es así como varios críticos hablan de Policastro como "posiblemente el más americano de nuestros pintores". Es evidente la compenetración y compasión del artista por la problemática humana, ligada a los lugares menos civilizados, y por ende donde la vida es más dura y difícil.
Su manera de pintar está íntimamente unida a los temas de la tierra y al modo en que la vida allí transcurre. Los tonos bajos de la obra que analizamos así lo demuestran, y además invaden la totalidad de la superficie formulando una identificación tierra-drama-sentimientos de las personas. La figuración, los rostros, los detalles, están apenas esbozados como si la situación dramática desdibujara toda forma de vida.

Mercedes Casanegra