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Torres Agüero, Leopoldo (1924-1996)
Formas, 1975
Oleo s/tela - 80x80
cm


Biografía

Torres Agüero nació en La Rioja. Vivió allí hasta los diecisiete años e incluso sus primeras exposiciones individuales las realizó en esa ciudad en los Museos Arqueológicos de Inca Huasi. En 1950 hace su primer viaje a Europa y reside dos años en París donde trabaja junto a Cándido Portinari. Su otro gran maestro fue Lino E. Spilimbergo. De regreso en Buenos Aires colabora con psiquiatras en los tratamientos de psicoterapia por medio de las artes plásticas y realiza un mural junto a Leopoldo Presas en la Galería Santa Fe. En 1959 viaja a Japón donde reside durante dos años. Allí las

 



filosofías orientales serán una fuerte influencia para él y las hará perdurar en las intencionalidad de su obra. Y, realizará pinturas sobre telas con grafismos en tinta, también a la manera oriental. A partir de 1962 vive en París, de donde regresa recién en 1987. Su ausencia del país no opacará su presencia en exposiciones en galerías de Buenos Aires, además de muchos otros lugares del mundo. Luego de una estaía relativamente breve, vuelve a París como agregado cultural en la Embajada Argentina con el gobierno que asume en 1989. Sólo deja ese cargo para tomar el de embajador ante la Unesco en la misma ciudad.  




Comentario extraído del libro "100 Obras Maestras 100 Pintores Argentinos"

Esta obra se adscribe a la línea de base geométrica a la que Torres Agüero dedica casi todo el desarrollo de su pintura. El artista otorgará a su práctica ciertas connotaciones personajes. En lo formal esta obra enuncia una filiación con la pintura óptica: una generación progresiva hacia un ámbito de luz.
Sin embargo, veremos que existen otros componentes. Las razones las podemos encontrar en una anécdota que el crítico Rafael Squirru relata de una visita posterior al taller del artista que nos ilustran sobre la originalidad de su técnica: "...parado y con las piernas que irá chorreando en líneas del grosor poco menos de un dedo meñique hasta configurar el resultado definitivo. Importa y mucho durante este proceso mantener un ritmo parejo de respiración, un estado de calma a la vez interna y externa que presida al chorreado"(1).

Muchas de sus pinturas similares a ésta tienen títulos con referencia a paisajes, a la tierra, a la naturaleza. De este modo prodríamos interpretar el amarillo de la obra que se analiza como el sol que iluina la tierra. Paisaje circular, Buscando cielo, Famatina, son algunos de sus títulos.
Ha dicho creer en la "acumulación de la personalidad colectiva"(2) y en una fuerte integración hombre-natulareza dentro de una concepción cósmica, que probablemente provengan de su conocimiento de lo oriental sumado a sus vivencias de joven en contacto en la tierra.

Mercedes Casanegra

(1) Rafael Squirre, Lanación (Buenos Aires), 2-2-1985, Secc. Bellas Artes.
(2) Patricio Lóizaga, entrevista de Revista de Cultura de la Argentina Contemporánea, Buenos Aires, Año IV, núm. 18, enero-febrero 1987, p. 8.